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jueves, 16 de diciembre de 2010

Abubilla


Abubilla (Upupa epops)
Hernán Cortés (Badajoz), diciembre 2010
Nikon D300 + 600mm f4 (ISO 320; 1/100; f4; -0,33eV)

Hace un par de años subí al blog una entrada titulada "La abubilla que no quería ser estival", donde contaba el cambio que parecía haberse producido en el estatus de esta especie, cuyas poblaciones, en lugar de migrar al sur, permanecen en invierno en muchas zonas de su área de distribución. En Extremadura una gran parte de las abubillas son sedentarias,  pero con toda seguridad también debe acoger a poblaciones provenientes de áreas más norteñas.
Estos días me he vuelto a acordar de las abubillas al releer unos textos en los que se citaba una curiosa leyenda popular de Castilla que aseguraba que estas aves se escondían en los huecos de los árboles durante el invierno, entrando en una especie de letargo y alimentándose de sus propias heces para sobrevivir. En contraste con esta inverosímil leyenda, en los regadíos de las vegas altas del Guadiana las poblaciones invernantes son bastante importantes, ocupando principalmente bordes de caminos, canales y rastrojos de arroz y maíz. Hasta los días más fríos del invierno, cuando el hielo lo cubre todo, las abubillas se muestran muy activas durante todo el día, posiblemente porque el alimento es escaso (principalmente los invertebrados) y deben rastrear más territorio para encontrarlo.

viernes, 28 de noviembre de 2008

La abubilla no quiere ser estival



En la bibliografía clásica la abubilla consta como un ave con estatus fundamentalmente estival, con poblaciones migratorias transaharianas y con una invernada escasa en la Península Ibérica. Así figura al menos en la publicación “Situación de la avifauna en la Península Ibérica, Baleares y Macaronesia” (CODA-SEO, 1985), que fue durante muchos años la obra de referencia más precisa sobre el estatus de nuestras aves. No obstante, basta con consultar las Guías de Aves editadas durante los 80 y los 90 (las típicas de Omega: Bruun&Singer, Keith&Gooders, Heinzel, Peterson, Jonssons, Mullarney&Svennson o la de Incafo: Sáez de Royuela), para comprobar que todos estos autores asumen del mismo modo su estatus estival y, en algunos casos, el posible sedentarismo en la mitad meridional de la península ibérica.
Posteriormente, en la edición de “Aves Ibéricas. Vol I. No Paseriformes” (Díaz, Asensio y Tellería, 1996), se constata el sedentarismo de parte de la población, pero lo más sorprendente es que concluyen afirmando que en realidad se desconocen dónde se encuentran los cuarteles de invernada de la población migradora europea. Los datos aportados por las recuperaciones de aves anilladas no son suficientes para esclarecer dónde van las aves que nidifican al norte de los Pirineos o cuál es la magnitud de la invernada en África. Y digo que me parece sorprendente porque es una de nuestras aves más comunes y pese a ello guarda secretos que no aún no conocemos.
En las últimas temporadas he podido observar una intensa invernada de Abubillas en los regadíos extremeños, con densidades muy superiores a las 1,07 aves/10 ha (consideradas las máximas según los autores de “Aves ibéricas”), no siendo infrecuente ver más de un centenar de aves en una jornada de campo en los arrozales. Lejos de ser un ave estrictamente estival, desde hace tiempo una parte de las abubillas nidificantes en Extremadura se ha hecho sedentaria (en muchos casos incluso se mantienen prácticamente en los mismos territorios durante todo el año, aunque otras poblaciones se comportan como dispersivas y se desplazan a otros hábitats), pero además hay una importante acogida de aves invernantes, hecho que debe ser cada vez más frecuente al sur de los Pirineos.
Sería interesante conocer y recopilar las citas de abubillas invernantes que se producen en otras zonas de la Península Ibérica, especialmente en la mitad norte, para valorar la tendencia del estatus de esta especie. Seguramente muchas de las imágenes que se han subido en Fotonatura corresponden a aves invernantes y constituyen en sí mismas datos de interés. Revisando vuestros archivos fotográficos podéis encontraros con alguna sorpresa.
Todo parece apuntar a que la abubilla, al igual que ha ocurrido con otras aves (la cigüeña blanca, sin ir más lejos), ha ido cambiado progresivamente su estatus en la Península Ibérica, disminuyendo los efectivos que migran a África, aumentando la población sedentaria y acogiendo a más aves invernantes.
Como curiosidad, hay una cita de Francisco Bernis (el que fue uno de los pilares de la ornitología ibérica) comentando el hallazgo en 1970 de abubillas aletargadas en el interior de huecos de árboles (sorprendente!) y que él mismo interpretaba como un comportamiento asociado a la escasez de alimento y a que posiblemente la Península ibérica no era todavía un cuartel de invernada suficientemente favorable para esta especie. Bueno, han pasado 38 años desde entonces y es más que evidente que algo ha cambiado. Merece la pena pensar en ello. ¡Y encima a las abubillas las consideramos como “aves comunes”..... y resulta que no sabemos casi nada de ellas!
Enlace a esta imagen en Fotonatura