El castillo de Monfragüe es una excepcional atalaya para contemplar, casi a vista de pájaro, los roquedos de cuarcita, las densas formaciones de bosque mediterráneo y las extensas dehesas que se extienden por el valle del Tajo. Las laderas nevadas de Gredos y las cimas de Villuercas configuran el horizonte perfecto para completar un paisaje en el que nunca te cansas de ser un espectador.
Llegué a media tarde y permanecí allí apurando la luz hasta el último momento, cuando ya a penas se veían los escalones de la larga escalinata que asciende al castillo. El atardecer fue dejando diferentes colores, haciendo que el paisaje pareciese distinto a cada momento.
El abigarrado bosque mediterráneo adquiere un mayor cromatismo con el ocaso del día, ganando en matices, en sombras, en contrastes.


Con un poco de suerte también se pueden ver los buitres negros volando junto a los buitres leonados.Las dos torres del castillo suelen ser posaderos habituales de las chovas piquirrojas, que fueron con diferencia las aves con las que más disfruté, aunque dediqué más tiempo a observarlas con los prismáticos que a intentar fotografiarlas. Sus rápidos vuelos con el bosque mediterráneo de fondo, su potente canto y el sobrio colorido de su plumaje hicieron aún más agradable la tarde.


